LA DÉCADA DE AYER
26.08.21
Ayer, 25 de agosto de 2021. Una madrugada hace una década exactamente. Tus labios. Mis labios. Maldita conjunción. Ansiada tentación. Arrebato pueril y fantasía loca de un amor que pudo ser... ¿o de algún modo fue?
Rebeca Acosta, aquí estoy nuevamente, cantándote mis viejas cuitas, de veinteañero, como cuando nació aquel lugar, aquel momento, aquel beso, aquellos sentimientos. Artificiosamente en mi mente aún insertos, dormidos, sedados, aletargados, acechando, a la espera de la repentina posesión, azuzando mi locura, en medio de una vida sin sobresaltos. Ocupando el lugar de mis más alucinantes anhelos, de las vidas que no me he permitido vivir y que, sin embargo; cada día más ansío como ansío ver un arcoíris instantáneo al mirar de mi ventana cada atardecer, coronando la redondez altiva.
Fantasma irreal, que soy yo mismo. Encarnación de lo que amo y odio de este cuerpo y este espíritu que no me dejan en paz y, sin embargo; conviven arrastrándome a un inesperado final.
Levanto la cabeza y mi mirada acuciosa, curiosa, ya no ingenua, pero aún soñadora, se dispone a buscar a aquel que escribe, ¿tal vez pudiera apiadarse de nosotros? Trazar en menos de una línea un reencuentro no debe ser tan difícil. Fingir tu corporeidad e imaginar un capítulo más o por lo menos una escena más sin que por ello tu propia fina línea de tiempo se pueda alterar...eso sería fabuloso. Egoísta soy, finalmente, como somos todos.
Cobarde soy también y por eso ya va una década de ayer, por eso no eres más que una fantasía, un deseo ingenuo, lo inalcanzable y la incertidumbre bailando desnuda en el espacio exterior. Mi letra es invencible, pero mi cuerpo es viejo ya, mis ojos están cansados de verme fallar y hartos de la orfandad de mis sentimientos sin rumbo cierto. Pero, soy terco, no he de claudicar, en noches como esta, me visita la espontaneidad, pero no logro un orden y así te evoco, entre espejismos vanos y absurdos malabares lingüísticos de los cuales Borges se avergonzaría.
Dame un segundo, oh musa. Una década te he perdido, una década no te he buscado, una década no te he dado un primer beso. Una década que no te lo he robado.
Vuelve, perfecto maldito amor, a golpearme con tus desafíos imposibles y tus alientos de invencible, que he envejecido más que mi propio tiempo y no te he encontrado ni en tu propia voz o tu propio rostro y solo duermes entre estas líneas arcanas que te dirijo sin que lo sepas, en el anonimato de mi cobardía.
Vuelve o dame los dados para lanzarlos una vez más y retornar el camino, hasta aquel pueblo y aquel lugar, hasta mi recuerdo y el momento, hasta tu mirada y nuestro infierno, hasta la iglesia y el hotel, hasta el silencio y las palabras que nos hicieron instantes -de amantes- en un solo ser.
¡Vuelve ya! que la década que nos dejó el ayer; esa década, se nos cumplió ayer.